Las pruebas de autodiagnóstico en la farmacia

La innovación médica y el desarrollo tecnológico están favoreciendo e impulsando el crecimiento de la oferta de productos para el autodiagnóstico. En las farmacias encontramos pruebas de embarazo, tests de glucemia, de fertilidad femenina, etc. Paulatinamente han ido introduciéndose nuevos productos, como los tests para el diagnóstico de celiaquía o de la candidiasis vaginal o para la determinación de sangre en heces, entre otros.

La regulación de este tipo de productos viene determinada por el Real Decreto 1662/2000, de 29 de septiembre, sobre productos sanitarios para diagnóstico in vitro. Esta normativa define el producto para autodiagnóstico como “cualquier producto destinado por el fabricante para poder ser utilizado por profanos a domicilio” y establece que su venta al público se realizará exclusivamente a través de farmacias. Para ello se requerirá la correspondiente prescripción, salvo en el caso de los productos para el diagnóstico del embarazo, la glucosa en sangre o la fertilidad.

Un proyecto legislativo, actualmente en trámite de audiencia, propone modificar el mencionado Real Decreto con el fin de eliminar la exigencia de prescripción para la venta al público y la prohibición de la publicidad en los productos de autodiagnóstico para la detección del VIH. De este modo se pretende anticipar el diagnóstico con el fin de iniciar antes el tratamiento, reduciendo así la tasa de transmisión, la morbimortalidad asociada a la infección y los costes de la asistencia sanitaria.

Dada la actual dinámica del sector y el previsible crecimiento de la oferta, nos parece un buen momento para plantear un debate sobre cuál debería ser el papel de la oficina de farmacia en el control, distribución y dispensación de este tipo de productos y eventualmente adaptar el marco legal correspondiente. El entorno avanza mucho más rápidamente que lo hace la legislación (la normativa actual tiene ya 17 años) y dejar al paciente solo con la prueba autodiagnóstica no parece lo más aconsejable, pues puede dar lugar a interpretaciones incorrectas de los resultados y a decisiones de automedicación inadecuadas.

Mientras tanto, la profesión sigue acumulando evidencias que ponen de manifiesto la importante contribución de las farmacias comunitarias en el ámbito de la salud pública, colaborando en el cribado de pacientes, en la reducción del infradiagnóstico y en el buen uso de los productos sanitarios. Un ejemplo de ello en este ámbito es el Streptotest para el cribado de las faringoamigdalitis. Un estudio realizado por SEFAC y Semergen probó que la intervención del farmacéutico evitaba un uso incorrecto de antibióticos.

El sentido común y la experiencia aconsejan que la intervención de las farmacias comunitarias se lleve a cabo de manera protocolizada, ofreciendo a los usuarios la información adecuada, seleccionando a las personas de riesgo en campañas de cribado, acompañándolas durante todo el proceso, derivando cuando sea necesario y en comunicación y coordinación con el resto de profesionales sanitarios.

Por su cercanía, accesibilidad, confianza y disponibilidad, las farmacias comunitarias ofrecen un potencial enorme en beneficio de los pacientes. Su participación activa en el ámbito de los productos de autodiagnóstico permite realizar un uso controlado e informado de éstos, contribuyendo así a la prevención, promoción, protección y mejora de la salud pública y de la educación sanitaria en general.

 

 

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