La persuasión como cualidad empresarial

Persuadir significa “influenciar con razones y argumentos para que una persona actúe o piense de un modo determinado”.

Para gestionar una Oficina de Farmacia con excelencia es imprescindible contar con la habilidad de la persuasión. Saber influenciar a nuestro paciente convenciéndole de lo que es mejor para él en su salud es esencial para optimizar nuestra relación.

La frontera entre persuadir y manipular tiene que estar clara en todo momento; debemos mentalizarnos que nuestros consejos van destinados a adquirir unos hábitos de vida saludables, incluso a veces, en detrimento de nuestras propias opiniones y beneficios personales.

 

¿De qué factores dependerá nuestra capacidad de persuasión?             

  • Currículum Formal. Nuestra capacitación y experiencia serán nuestra mejor tarjeta de entrada.

La persuasión como habilidad trata de hacernos creíbles delante de nuestros interlocutores, por lo que más valen hechos que palabras.

Nuestros conocimientos y experiencia deberán ser reconocidos en nuestras acciones. De forma indirecta debemos mostrar todo lo que somos.

Empezaremos por lo más básico, una buena bata limpia y planchada nos muestra como profesionales formales y con un alto domino de conocimientos.

Si tratamos de incorporar a nuestro discurso referencias a casos anteriores o algunos datos recientes mejoraremos en persuasión demostrando experiencias vividas. Y para redondear nuestra credibilidad a través de la comunicación, si estamos abiertos a preguntas y demostramos saber reconducir las quejas de forma adecuada, habremos dado una imagen de seguridad.

  • Contenido de la Conversación. La seguridad que debemos mostrar para ser persuasivos va ligada al realismo de nuestros comentarios. No deberemos hacer promesas irreales ni frases vacías de contenido.
  • Como ya comentábamos, manipular y persuadir no son lo mismo. Nuestro interlocutor lo notará en el interés que mostramos en sus acciones. El propio beneficio (como una venta rápida), en breve sale a la luz y desmonta la imagen de asesor de la salud que tanto hemos trabajado.

 

¿A través de qué técnicas validaremos estas capacidades?

Como buena habilidad la práctica lo es todo. Las siguientes técnicas son sencillas pero debemos adoptarlas como hábito:

  • Técnica de simplificación y repetición: Un mensaje simple y constante es fácilmente comprensible y recordable.
  • Estrategia de las propias conclusiones: Ayudar a pensar es más efectivo que dar una solución completamente “masticada” y por lo tanto impuesta.

Persuadir deberá ser sinónimo de profesionalidad y personalización de nuestro trato con el paciente.

 

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