La concertación de servicios farmacéuticos retribuidos

Probablemente la atención al paciente crónico constituya el principal problema al que se enfrenta nuestro sistema nacional de salud. La configuración del sistema se hizo hace años atendiendo a circunstancias muy distintas a las actuales. Su necesaria adaptación a los cambios en los patrones de enfermedad y en el perfil del paciente (crónico, mayor, polimedicado y dependiente) no se está realizando al ritmo necesario. Todo ello se ha visto agravado durante los últimos años con la crisis económica que ha sufrido nuestro país y que ha amenazado seriamente la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario. De no corregir esta situación en el futuro las consecuencias  podrían llegar a ser dramáticas.

 En este contexto, numerosas recomendaciones nacionales e internacionales han propuesto que se promueva el papel de la farmacia en la atención a los pacientes crónicos, de modo que en estos momentos el desarrollo de servicios profesionales farmacéuticos constituye una tendencia internacional. La idea que subyace es la de que los farmacéuticos, además de dispensar los medicamentos, puedan proporcionar a los pacientes servicios que contribuyan a la mejora de su estado de salud, la prevención de la enfermedad y, en definitiva, a la obtención de mejores resultados en salud.

El programa de cribado y detección de cáncer de colon que se lleva a cabo en Cataluña constituye un buen ejemplo de aportación de valor por parte de las farmacias. Gracias a este servicio se han podido detectar 1.358 adenomas de alto riesgo, 803 adenomas de bajo riesgo y 166 casos de cáncer de colon. Además, gracias a la intervención de la farmacia se ha incrementado en 17 puntos los datos de adherencia al programa. Estos resultados muestran de manera clara el potencial de la red de farmacias comunitarias para la mejora de la salud pública y de la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario.

Si bien en nuestro país la comunidad autónoma catalana ha sido pionera en la implantación de servicios profesionales farmacéuticos, en la actualidad todavía apenas representan un 0,07 por ciento de la cifra global de facturación de las farmacias catalanas. En otras comunidades la situación es aún peor. Es por ello que es preciso hacer todo lo que esté en nuestra mano para acelerar el desarrollo y la implantación de este tipo de servicios, involucrando a la farmacia en los proyectos estratégicos clave para el cumplimiento de los planes de salud de las correspondientes consejerías.

Para tener éxito en esta misión es necesario conocer qué es lo que hace que un servicio profesional farmacéutico funcione y tenga posibilidades de ser concertado. En primer lugar deberá responder a una necesidad real del paciente. Además, deberá protocolizarse, prever una formación adecuada, integrarse en la tarea diaria de los profesionales y tendrá que mostrar resultados a corto plazo. Asimismo, deberá aportar un valor que sea medible y ser económicamente viable para todas las partes: sistema, profesionales y pacientes. Por último, en el caso de la administración sanitaria pública, al valor y a la eficiencia habrá que añadir su interés público.

El caso de la comunidad catalana, donde varios servicios (cribado de VIH, cribado de cáncer de colon, programa de mantenimiento con metadona) han sido ya concertados con la administración, puede ser un buen modelo de integración de la red de farmacias en el sistema sanitario público. El concierto actual no sólo contempla la concertación de servicios, sino que describe además la forma de abordar nuevas actividades y funciones de las farmacias catalanas en colaboración con el resto de agentes sanitarios. Ello incluye la definición de pruebas piloto, indicadores a seguir y evaluación de la efectividad de los servicios. En base a ello el CatSalut (servicio catalán de salud) decide la concertación de estos servicios.

El desarrollo de una atención sanitaria que integre a los diferentes niveles asistenciales y no asistenciales (atención primaria y farmacia comunitaria) es indispensable para alcanzar el éxito. Es preciso, pues, seguir avanzando en colaboración con los proveedores de atención sanitaria, tanto públicos como privados, en la integración de la actividad de los farmacéuticos comunitarios, contribuyendo de este modo a la detección precoz de enfermedades, a la mejora de los procesos asistenciales y a hacer un uso más eficiente de los recursos.

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