El rol del farmacéutico ante el duelo

Duelo4¡Hemos perdido el control de nuestras emociones!

Durante mucho tiempo grandes profesionales se han hecho cargo de gestionar la salud en la población y hemos llegado a un punto en el que es necesario devolver algunas responsabilidades. Un tratamiento farmacológico no substituye todo aquello que pueda hacer una persona por su propia salud. El trabajo en paralelo es necesario.

La figura del farmacéutico es imprescindible si hablamos de apoyo, comprensión y consejo.

Para gestionar el duelo debemos comprender que es para nuestra sociedad y como podemos acompañar positivamente a nuestros pacientes.

El duelo puede ser muy diferente según nuestras vivencias culturales. En nuestro contexto temporal y geográfico, el miedo a la muerte y al dolor surge más fuertemente que en la vida de nuestros antepasados. La enfermedad y la vejez se viven como una tragedia demasiado anticipada e irreal. La búsqueda del placer es la clave de la sociedad occidental del siglo XXI, por lo que buscamos no sufrir y un alivio inmediato a todo aquello que nos pasa. Tampoco celebramos demasiados ritos de despedida dejando la muerte apartada del día a día y no hablando de ella hasta que nos la encontramos de frente.

¡Esto no es posible! El duelo hay que vivirlo y ser un buen acompañante puede ser vital para un proceso sano.

Un duelo bien elaborado es aquel que:

-       Se trata con naturalidad y se “desmedicaliza”. No es una enfermedad, es un proceso natural en el cual hay que sufrir por uno mismo.

-       La persona tiene derecho a estar triste, enfadada o perdida. Evitemos frases como: “no pasa nada”, “el tiempo lo cura todo”…

-       La persona en su proceso, necesita hacerse a la idea de su situación, ser un buen oidor servirá para que elabore su discurso correctamente.

-       Todo el mundo expresa las emociones a su manera: llorando, callando, aislándose, rezando… no pretendamos cambiar el proceso natural con consejos como: “llorando lo sacas todo, tienes que llorar”, “ahora tienes que estar ocupada para olvidarte de ello”…

La mejor cualidad que podemos poner al servicio del paciente en duelo es la de ofrecer nuestro apoyo a través de la escucha y muestras de comprensión; con nuestro consejo en el alivio de síntomas menores como el insomnio o la inapetencia entre otros y haciendo un seguimiento de modo que, si el proceso no evoluciona debidamente y aparecen síntomas de una patología subyacente, derivarlo al especialista.

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